Seleccionar página
Tras la devastación de la Segunda Guerra Mundial, las Naciones Unidas empezaron su labor en 1945 con una prioridad: mantener la paz. Quizá, en realidad, más que uno de los pilares sobre el que descansa nuestro trabajo, la preservación de la paz es la piedra angular de la Organización, porque sin ella ningún proyecto de sociedad justo y duradero puede anidar. De hecho, la paz abre el preámbulo de la Carta fundacional con la belleza de estas palabras:

NOSOTROS LOS PUEBLOS DE LAS NACIONES UNIDAS RESUELTOS

a preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra que dos veces durante nuestra vida ha infligido a la Humanidad sufrimientos indecibles,

a reafirmar la fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana, en la igualdad de derechos de hombres y mujeres y de las naciones grandes y pequeñas,

a crear condiciones bajo las cuales puedan mantenerse la justicia y el respeto a las obligaciones emanadas de los tratados y de otras fuentes del derecho internacional,

a promover el progreso social y a elevar el nivel de vida dentro de un concepto más amplio de la libertad,

Y CON TALES FINALIDADES

a practicar la tolerancia y a convivir en paz como buenos vecinos,

a unir nuestras fuerzas para el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales,

a asegurar, mediante la aceptación de principios y la adopción de métodos, que no se usará; la fuerza armada sino en servicio del interés común, y

a emplear un mecanismo internacional para promover el progreso económico y social de todos los pueblos,

HEMOS DECIDIDO UNIR NUESTROS ESFUERZOS PARA REALIZAR ESTOS DESIGNIOS

Aunque parezca obvio y de sentido común, la mejor forma y la más deseable a la hora de mantener el preciado bien de la paz es evitar la guerra. De ahí, la importancia que la Organización otorga a la diplomacia preventiva y la mediación. El Departamento encargado de llevar a cabo la diplomacia es el de Asuntos Políticos.

Sin embargo, como dice el viejo refrán, el sentido común es el menos común de los sentidos y no siempre los Estados dan una oportunidad a la diplomacia preventiva, tomando medidas que ponen en peligro la estabilidad de la paz. El órgano que determina si existe una amenaza o un acto de agresión contra la seguridad internacional es el Consejo de Seguridad.

Cuando detecta que una amenaza o agresión se ha producido, el Consejo de Seguridad suele hacer un llamamiento a las partes para que lo solucionen pacíficamente y recomienda los métodos de ajuste o las condiciones de arreglo.

Si las partes no atienden a esos requerimientos, el Consejo puede, bajo el Capítulo VII de la Carta, imponer sanciones o incluso autorizar el uso de la fuerza para mantener o restablecer la seguridad internacional.

CAPÍTULO VII: ACCIÓN EN CASO DE AMENAZAS A LA PAZ, QUEBRANTAMIENTOS DE LA PAZ O ACTOS DE AGRESIÓN

Artículo 42

Si el Consejo de Seguridad estimare que las medidas de que trata el Artículo 41 pueden ser inadecuadas o han demostrado serlo, podrá ejercer, por medio de fuerzas aéreas, navales o terrestres, la acción que sea necesaria para mantener o restablecer la paz y la seguridad internacionales. Tal acción podrá comprender demostraciones, bloqueos y otras operaciones ejecutadas por fuerzas aéreas, navales o terrestres de Miembros de las Naciones Unidas.

Sin embargo, conviene aquí aclarar una confusión que muchas veces observamos en las redes sociales cuando se pide que la intervención de la Organización en algún conflicto para imponer la paz. La ONU no tiene Ejército ni el Secretario General puede decidir cuándo y cómo intervenir. Son los Estados miembros quienes aportan tropas y estas además guardan el uniforme de su país. El distintivo de la ONU como integrantes de una fuerza de paz es su gorra o su casco azul.
Un soldado italiano de Fuerza Provisional de las Naciones Unidas en el Líbano patrullando la llamada Línea Azul en 2009.
Una miembro del contingente de la Misión de las Naciones Unidas en Sudán del Sur.

Las Operaciones de mantenimiento de la paz son uno de los instrumentos más efectivos para ayudar a los países a hacer la transición de un conflicto a la concordia. Desde 1948, se han establecido un total de 69 operaciones. Con el tiempo, estas han evolucionado hasta incluir la mediación de procesos políticos, la protección de los civiles, la ayuda al proceso de desarme, la desmovilización y la reintegración de excombatientes. Además, apoyan los procesos constitucionales y la organización de las elecciones, protegen y promueven los derechos humanos, ayudan a restablecer el Estado de derecho.

Por todo ello, como mostramos en este vídeo, la inversión en las Operaciones de mantenimiento de la paz es muy rentable.

En los últimos años, los Estados también se han apoyado cada vez más en la Organización para coordinar una plaga que amenaza continuamente la paz y la seguridad internacionales, el terrorismo. En la lucha antiterrorista se han redactado hasta ahora 18 instrumentos universales. En septiembre de 2006, los Estados Miembros acordaron un marco estratégico y operacional común, que se plasmó en la primera Estrategia global contra el terrorismo.

Con motivo del Día Internacional del Personal de Paz de la ONU, el Secretario General ha publicado una tribuna abierta en el diario estadounidense The Boston Globe. Por su interés reproducimos integra su traducción en español:

 

  Las operaciones de paz son una buena inversión, pero deben adaptarse a las nuevas realidades

 Artículo de António Guterres, publicado en el diario The Boston Globe el 29 de mayo de 2017.

 

     En enero, cuando entré por primera vez en el edificio de la Secretaría de las Naciones Unidas como Secretario General, mi primer acto fue presentar una ofrenda floral en honor de los más de 3.500 funcionarios de las Naciones Unidas que dieron la vida al servicio de la paz. Poco después, esa misma semana, dos cascos azules murieron en la República Centroafricana, donde trabajaban para evitar que los enfrentamientos violentos entre las comunidades desembocaran en asesinatos en masa. El personal de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas vive situaciones de peligro todos los días, entre grupos armados que tratan de matarse unos a otros u hostigar a los civiles.

     Durante los últimos 70 años, gracias a las operaciones de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas, se han salvado y mejorado innumerables vidas; un número incalculable de familias devastadas por la guerra ha podido empezar de nuevo. En estudios independientes se ha demostrado el valor de las operaciones de mantenimiento de la paz: impiden la propagación de la violencia y, generalmente, reducen las muertes de civiles en más de un 90%, en comparación con las cifras anteriores al despliegue.

     También sabemos que el mantenimiento de la paz es rentable. El presupuesto de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas es menos de la mitad del 1% del gasto militar mundial, y se reparte entre los 193 Estados Miembros de las Naciones Unidas. En los Estados Unidos de América se han hecho estudios que demuestran que las misiones de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas son aproximadamente 8 veces más rentables que las actuaciones individuales estadounidenses. Los beneficios de esa inversión se multiplican si tenemos en cuenta el crecimiento económico y la prosperidad que se derivan de un aumento de la estabilidad y la seguridad tras el éxito de las misiones de mantenimiento de la paz.

     En nuestro mundo interconectado, la aparición del terrorismo global supone que la inestabilidad en cualquier punto es una amenaza en todo el planeta. Las operaciones de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas están a la vanguardia de nuestros esfuerzos por evitar la aparición de regiones sin ley que puedan propiciar la inseguridad, la delincuencia transnacional y el extremismo. Son una inversión en la paz, la seguridad y la prosperidad mundiales.

     Nuestras misiones han contribuido a un legado de estabilidad, desarrollo y crecimiento económico desde El Salvador hasta Namibia, y desde Mozambique hasta Camboya. Cincuenta y cuatro misiones han concluido sus mandatos y se han clausurado; en los próximos meses se sumarán otras dos, en Liberia y Côte d’ Ivoire.

     Si bien debemos admitir que los esfuerzos de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas tienen problemas y limitaciones, también debemos reconocer los éxitos de nuestra misión en favor de la paz.

     Hace dos años, cuando las fuerzas de mantenimiento de la paz llegaron a la República Centroafricana, gravitaba sobre el país la amenaza del genocidio. Hoy, ese país ha elegido un nuevo Gobierno en un proceso pacífico y democrático y lucha por avanzar en pos de la paz y la estabilidad, el desarme y el estado de derecho. Nuestra misión, la MINUSCA, ofrece un apoyo crucial para reducir el riesgo que suponen los grupos armados, pese a lo cual la situación es aún muy compleja. Resulta pavoroso imaginar cuál habría sido el trágico desenlace si las fuerzas de mantenimiento de la paz no hubieran estado presentes.

     En Sudán del Sur, las fuerzas de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas dan refugio a más de 200.000 civiles que huyeron de sus hogares, destruidos en los combates. Ahora, con la hambruna cerniéndose sobre el país, el personal de mantenimiento de la paz ofrecen la seguridad que necesitan los organismos humanitarios para facilitar una asistencia vital.

     La paz en el mundo, como concepto, puede parecer algo muy abstracto, pero la paz sobre el terreno depende de una labor tremendamente sacrificada que se prolonga un día tras otro, en unas circunstancias tan difíciles como peligrosas. El mundo confía en el personal de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas, que está presente donde nadie más puede ni quiere estar, pese a los numerosos obstáculos que se le oponen.

     En las operaciones de paz de las Naciones Unidas encontramos con harta frecuencia una brecha entre nuestros objetivos y los medios que tienen para llevarlos a efecto. En muchas ocasiones desplegamos fuerzas de mantenimiento de la paz en zonas donde las partes en conflicto muestran un exiguo compromiso con la paz. De hecho, cada vez es más frecuente que nuestras misiones sean objetivo de los ataques de las partes en conflicto y de los extremistas violentos.

     Estas nuevas circunstancias exigen una seria reforma estratégica de nuestra parte, fundamentada en un análisis de los mandatos, de la capacidad de nuestras misiones y de nuestras alianzas con los Gobiernos y otros actores. Tenemos que adaptar las operaciones de paz al peligroso y complejo entorno que se plantea hoy día.

     Hemos introducido ya algunas reformas que han reducido sustancialmente los gastos y nos han dado más flexibilidad para desplegar fuerzas de mantenimiento de la paz en plazos más cortos, pero queda mucho por hacer. Tengo la determinación de trabajar con los Gobiernos, las organizaciones regionales y otros asociados para velar por que las operaciones de mantenimiento de la paz cuenten con los instrumentos y reglamentos que necesiten.

     En los últimos años, la reputación de las misiones de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas se ha visto empañada por casos lamentables de explotación y abusos sexuales que constituyen una violación denigrante de todos nuestros valores. Todo el sistema de las Naciones Unidas considera prioritario erradicar esta lacra. He presentado un plan a todos los Estados Miembros cuyo objetivo es acabar con la impunidad, y en virtud del cual se crearán puestos de defensores de los derechos de las víctimas, tanto en nuestras misiones de mantenimiento de la paz como en las oficinas de las Naciones Unidas. Tengo la intención de hacer partícipes en esta iniciativa a los líderes mundiales.

     Cuando se pregunta a la gente de todo el mundo, desde Nueva York hasta Nueva Delhi, desde El Cairo hasta Ciudad del Cabo, por sus prioridades, la respuesta es siempre la misma: quieren seguridad y tranquilidad, quieren criar a sus hijos en paz y darles la educación y las oportunidades que necesitan para labrarse un futuro.

     Las fuerzas de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas son uno de los instrumentos de que disponemos para contribuir a esa aspiración universal y procurar que el mundo sea más seguro para todos.

Cuaderno de bitácora producido por el equipo de Redes Sociales del Departamento de Información Pública de las Naciones Unidas.