Cinco cosas que hay que saber sobre la situación humanitaria en Guatemala

Jan 12, 2022

Marta y sus hijos forman parte de las 729.200 personas que necesitan ayuda urgente en el este del departamento de Izabal. Foto: OCHA/Luis Echeverría

Mientras Guatemala se enfrenta a la pandemia de la COVID-19, el número de personas que necesitan ayuda de emergencia ha seguido creciendo. Zonas como Alta Verapaz e Izabal, en el centro-norte de Guatemala, que aún sufren los efectos de los huracanes Eta e Iota en 2020, se han visto especialmente afectadas.
Las Naciones Unidas y sus socios humanitarios continúan apoyando al Gobierno de Guatemala para responder a las necesidades de las personas vulnerables en todo el país.

Henry Ix Monroy y su familia. Foto: OCHA/Luis Echeverría

“Hemos perdido todo y estamos ahorita que necesitamos ayuda, eso sería la descripción de nuestras vidas en este momento” — Henry lx Monroy, vecino de El Edén.

En agosto de 2021, la ONU y sus socios lanzaron un llamamiento para 210 millones de dólares para financiar un Plan de Respuesta Humanitaria (HRP por sus siglas en inglés) de 18 meses de duración para proteger y salvar vidas y fortalecer la resiliencia de las personas.

La familia de Junior Rivera perdió su casa durante Eta e Iota, lo que generó graves necesidades de agua, saneamiento e higiene que persisten hasta hoy. Foto: OCHA/Luis Echeverría
  1. Las necesidades humanitarias aumentan

En Guatemala viven unas 3,8 millones de personas en necesidad, lo que supone una de cada cinco personas en el país. El número de personas que necesitan asistencia ha crecido en medio millón desde principios de 2020. Más de la mitad de la población del país vive en la pobreza, y el 18 por ciento en la pobreza extrema.

La pandemia deshizo al menos seis años de progreso en materia de desarrollo, un retroceso que se vio agravado por los huracanes Eta e Iota a finales de 2020 y sus devastadores efectos sobre 1,8 millones de personas que requirieron asistencia tras las tormentas.

Las crisis resultantes están generando más necesidades para un mayor número de personas que se enfrentan a la inseguridad alimentaria crónica, el deterioro de los medios de vida, la violencia y el desplazamiento; y sobrecargan aún más los servicios esenciales como la atención sanitaria, el acceso al agua y alimentos, la educación y la protección.

Marlon Rivera ayuda a su padre Aroldo a cultivar y cosechar el maíz, un cultivo clave para las familias de agricultores de subsistencia en toda Guatemala. Foto: OCHA/ Luis Echeverría

2. La seguridad alimentaria y la nutrición siguen siendo una preocupación prioritaria

La seguridad alimentaria y la nutrición han sido durante mucho tiempo las principales preocupaciones humanitarias en Guatemala. A mediados de 2021, la inseguridad alimentaria afectaba a unas 3,5 millones de personas, lo que supone más de cinco veces el número de personas en situación de inseguridad alimentaria (600.000) reportadas en 2013. La prevalencia de la inseguridad alimentaria de moderada a grave ha sido la más alta de Latinoamérica y el Caribe desde 2014. Solo el 40 por ciento de los hogares de Guatemala no sufre inseguridad alimentaria.

Aroldo Rivera. Foto: OCHA/Luis Echeverría

“Nos falta de todo. Nuestra casa, la ropa de mis hijos, los zapatos… porque a veces no tenemos suficiente y lo poco [dinero] que tenemos es para conseguir comida” — Aroldo Rivera

El indicador de prevalencia de la subalimentación (PoU por sus siglas en inglés)* sigue creciendo. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) utiliza el indicador para monitorear el Objetivo de Desarrollo Sostenible 2, que consiste en poner fin al hambre. La actual tasa de PoU del 16,8 por ciento es la más alta del país desde 2016, la segunda más alta de Latinoamérica y más del doble de la tasa regional del 7,7 por ciento. Casi la mitad de los niños y niñas menores de 5 años están afectados por la desnutrición crónica, la tasa más alta de toda Latinoamérica y el Caribe. Como resultado, la prevalencia del 42,8 por ciento de retraso en el crecimiento en menores de 5 años es también la más alta de la región y casi el doble de la segunda prevalencia más alta.

Marlon Rivera es uno de los 4,5 millones de niños, niñas y adolescentes de Guatemala que se han visto afectados por el cierre de escuelas a causa de la COVID-19. Foto: OCHA/Luis Echeverría

3. Los grupos vulnerables se ven afectados de forma desproporcionada

Las diversas crisis de Guatemala están afectando de manera desproporcionada a las poblaciones vulnerables, como los grupos indígenas, las mujeres, los niños, niñas y adolescentes, y las personas en condición de movilidad humana como los migrantes, refugiados, desplazados y repatriados. Los socios humanitarios han identificado al menos 2,25 millones de personas indígenas en necesidad debido a los mayores riesgos y a las deficiencias en el acceso a los servicios de salud y nutrición, mientras que 4,5 millones de niños, niñas y adolescentes se han visto afectados por el cierre de escuelas relacionado con la pandemia.

De las 2,4 millones de personas que necesitan protección en Guatemala, aproximadamente uno de cada cinco es un menor y cuatro de cada diez son mujeres. Las niñas, las adolescentes y las mujeres en necesidad suelen estar expuestas a un mayor riesgo de violencia, y se enfrentan a opciones limitadas de acceso a los servicios de protección y salud. Guatemala es un país de tránsito y origen de migrantes y refugiados, donde las personas que se desplazan se enfrentan regularmente a riesgos de protección y asistencia limitada, incluyendo la trata y el tráfico de personas, la violencia sexual y de género, la extorsión y la separación familiar.

OCHA está trabajando con la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres o CONRED, la autoridad de respuesta a emergencias del país, y con los líderes locales de comunidades como El Edén, para ayudar a las comunidades cada vez más vulnerables. Foto: OCHA/Luis Echeverría

4. La respuesta humanitaria está en marcha

La ONU y sus socios humanitarios lanzaron el HRP para proporcionar asistencia crítica a 1,68 millones de personas y ayudar a restablecer los medios de vida y servicios vitales hasta diciembre de 2022. El HRP también busca fomentar la resiliencia de las comunidades a través de la colaboración entre organizaciones y entidades humanitarias y de desarrollo.

Las agencias de la ONU, junto con ONG nacionales e internacionales, están trabajando estrechamente con las autoridades del Gobierno en 11 departamentos prioritarios para proporcionar una variada respuesta a las comunidades que viven en el Corredor Seco, una región de bosques secos tropicales que es vulnerable a perturbaciones climáticas, que afectan la seguridad alimentaria y los medios de vida.

Marta Falla García con su hijo. Foto: OCHA/Luis Echeverría

“Pido a Dios para que me apoyen para tener un lugar donde tener a mis hijos conmigo, tener mi casa para que no estén por ahí. La gente con la que nos quedamos es familia por supuesto, pero no es igual” — Marta Falla García

5. Se necesita urgentemente más financiación

Hasta la fecha, el HRP ha recibido $35,5 millones, lo que deja un enorme déficit de financiación de alrededor del 83 por ciento. Se necesitan urgentemente más fondos para ayudarnos a seguir apoyando a las personas vulnerables y evitar que las condiciones se deterioren aún más.

Manuel López. Foto: OCHA/Luis Echeverría

“Había cositas que tenía antes. Yo tenía mi casita… pero me la llevó la corriente, no dejó nada” — Manuel López

*Nota: El indicador PoU se deriva de los datos de los países sobre el suministro de alimentos, el consumo de alimentos y las necesidades energéticas, teniendo en cuenta características demográficas como la edad, el sexo y los niveles de actividad física. Diseñado para captar un estado de privación de energía que dure más de un año, no refleja los efectos efímeros de las crisis temporales o la ingesta inadecuada de nutrientes esenciales

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